¡Brummm brummmm! Se pasaba Manolito las horas con su enorme colección de cochitos. Los había de todas marcas y colores, y se los conocía todos, todos.
Mamiluli estaba asombrada, y siempre que pasaba un coche por delante decía ¡Manolito! ¿qué coche es ese?
¡Renó cuato! Contestaba Manolito obediente y feliz ante la sonrisa de su madre.
Habló pronto y caminó tarde (a los 8 meses ya se hacía entender suficientemente bien, aunque no comenzó a caminar hasta pasado el año y medio), y de un modo u otro esto ha sido algo así como una constante en su vida.
¡Cómo disfrutaba colocando sus queridos cochitos en fila y en todo tipo de disposiciones cual ejército bien adiestrado! Los observaba con deleite, en silencio como siempre, dado que aún no habían aparecido en escena sus hermanas. Aún no. Pero pronto dejaría de ser hijo único. Y Mamiyaya aunque nunca paraba, siempre limpiando de aquí para allá o preparando la comida, o haciendo la colada, no se paraba a hablarle al peque, con lo que el ambiente era siempre callado y tranquilo.
miércoles, 30 de diciembre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario